| סיכום: | Un aspecto que vincula desastre y vida cotidiana, desastre y salud mental, es la emergencia de conductas emocionales e irracionales ante estos hechos; irracionalidad e irresponsabilidad como características fundamentales de una conducta colectiva y el desborde de la violencia vengativa y expansiva, ante situaciones de injusticia y frustraciones. La participación, el trabajo cotidiano, la dedicación a la lucha por la libertad, la igualdad ante la ley y la justicia, el respeto y garantía de los derechos que por la condición de seres humanos tenemos, tienden a reparar, respaldan y dan sentido a la tarea de reconstrucción de los proyectos de vida ante una situación de desastre. El no actuar configura también una forma de violencia; el dejar que los hechos ocurran sin que nada ni nadie se haga cargo de las consecuencias que provocan es un ejercicio de la violencia. La crisis entraña un potencial de recuperación inherente a su propia presencia; puede, si se interviene en ese sentido, estimular a las personas, los grupos y las comunidades para que se desencadenen oportunidades psicosociales más saludables. Parafraseando al gran escritor Bertolt Brecht, solemos tomar lo habitual como cosa natural; lamentablemente se está volviendo cada . vez más habitual observar desastres, verdaderas catástrofes, por televisión, que casi siempre se perciben como lejanas, como desgracias que les pasan a otros. Sabemos que seguramente hay y habrá mucho más para decir y trabajar respecto al tema Intervención profesional del Trabajo Social frente a situaciones de desastre, pero decidimos escribir y compartir este aporte inicial desde nuestra lectura e incipiente experiencia en el tema.
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