| 總結: | La pobreza es la violación más flagrante de los derechos humanos. La realidad de la pobreza, en si misma, es profundamente violatoria y violenta. Convivimos a diario con la violencia del desempleo, de los salarios insuficientes, de las familias pauperizadas, de los niños y adolescentes sin escolaridad, etc. Los más carenciados suelen reclamar menos porque no solo están desposeídos de trabajo y salario digno, de educación, sino también de los recursos para ejercer eficientemente sus derechos, lo cual termina reproduciendo y fortificando la situación de subordinación. Estas dificultades para defender lo que les corresponde los conducen a la falta de reacción, a cierta pasividad, a la RESIGNACION. Cualquiera puede comprobar hoy que los derechos para toda la población a la salud, a la educación, a la vivienda, etc. reconocidos en la teoría como inalienables, se hallan virtualmente abolidos. Esto patentiza la falta de justicia social Para complementar este párrafo volvemos a citar a Freire, quien afirma que nadie puede ser auténticamente, prohibiendo que los otros sean. La búsqueda del ser más a través del individualismo conduce al egoísta tener más, una forma de ser menos. No es que no sea fundamental tener para ser. Precisamente porque lo es no puede el tener de algunos convertirse en la obstaculización al tener de los demás. No podemos percibir que si tener es condición para ser, ésta es una condición necesaria a todos los hombres. Tradicionalmente ha prevalecido el principio de causación individual que atribuía responsabilidad personal a quienes padecían los problemas sociales. El trabajo social que dirige su acción a los sectores populares debe fortalecer la práctica asistencial. Diferenciamos práctica ASISTENCIAL de la práctica ASISTENCIALISTA,...
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